"LIBERÁNDONOS DE LA INMUNDICIA"

Venus en Escorpio para retrogradar allí haciendo cuadratura a Plutón en Acuario y la Luna Nueva en Virgo: la depuración DE TU SER de la energía, el filtro, la pátina que te quedó impregnada de los vínculos que nacieron de la putrefacción de lo que se llamaba amor pero era miedo convertido en CONTROL.
Cada vez que Venus entra en Escorpio aparecen las mismas palabras: intensidad, magnetismo, pasión, profundidad, sexualidad.
Y son ciertas.
Pero ésto se queda corto. Muy corto.
En esta ocasión, en este punto del proceso en el que estamos, Venus en Escorpio JUNTO AL RESTO DEL CIELO QUE ABRE ESTE PORTAL DE LUNA NUEVA no viene a "intensificar nuestras relaciones" al menos desde el punto de vista "romántico clásico". Viene a mostrarnos algo mucho más profundo: qué se escondía debajo de aquello que llamábamos INTENSIDAD, PASIÓN, DESEO, LOCURA, AMOR.
En astrología, Venus en Escorpio responde a Plutón. Y Plutón está en Acuario removiendo los pactos inconscientes y de Alma, tanto de estas vidas como de vidas pasadas, los modelos de pertenencia y las formas de poder que nos subyugaron, sometieron, dominaron, anularon, invadieron y abusaron y donde para no quedar fuera fuimos la contraparte del dominador. O sea el dominado.
SOBRETODO Y ÉSTO LLEVO DOS AÑOS RECORDÁNDOLO: LAS RELACIONES ME DA IGUAL SI CON PERSONAS, TRABAJOS, IDEOLOGÍAS... LO QUE SEA, aunque sistémicamente habla de relaciones basadas en el CONTROL, LA MANIPULACIÓN, EL ABUSO EMOCIONAL Y FÍSICO, EL CHANTAJE EMOCIONAL, EL NARCISISMO, ETC
Esta Venus, con ayuda del resto de la disposición de esta carta astral, pregunta:
¿A qué sigo llamando amor porque todavía no me atrevo a llamarlo herida falta de respeto y apego?
Además, Venus entra ahora en el territorio que recorrerá durante su próxima retrogradación. No estamos ante una visita rápida al deseo. Estamos entrando en una revisión profunda de nuestros valores, nuestra autoestima y nuestra manera de vincularnos.
No viene a ofrecernos más drama, ni sufrimiento gratuito. Viene para que revalúes cuál o cuales son las raíces emocionales a través de las te nutras para confundir amor con sufrimiento. Amor con sacrificio. Amor con humillación. Amor con lealtad. Amor con dolor.
Viene a revelar el precio que hemos pagado por confundir el drama con amor.

HEMOS LLAMADO "PROFUNDO y REAL" A LO QUE NOS HACÍA HUNDIRNOS, QUEMARNOS Y MORIR.
Hay relaciones pasionales, absorbentes, dramáticas, aparentemente eternas, que nos hacen sentir que estamos viviendo algo extraordinario, único, predestinado, incluso kármico.
No podemos soltarlas. Nos pensamos constantemente. Nos perdemos y volvemos. Nos herimos y volvemos a herirnos. El sufrimiento parece demostrar la profundidad emocional del vínculo. Los celos parecen confirmar el deseo. La obsesión se confunde con entrega. La imposibilidad de estar en paz se interpreta como una prueba de que aquello está vivo.
Pero ese ardor pasional no demuestra amor lúcido.
EL FUEGO SOLO DEMUESTRA QUE ALGO ARDE.
La pasión no es el problema. El problema comienza cuando utilizamos la pasión como certificado de verdad; cuando creemos que, porque algo nos altera, nos consume o nos desgarra profundamente, tiene que ser amor, tiene que ser auténtico o tiene que estar destinado.
EL AMOR PASIONAL NO ES AMOR LÚCIDO.
Puede haber deseo. Puede haber una química brutal. Puede haber placer, fascinación, reconocimiento, enganche y una poderosa sensación de destino.
Pero lamentablemente o no, según se mire ésto suele se síntoma de una herida reconociendo otra herida.
Una necesidad encontrando a alguien que sabe alimentarla.
Un miedo al abandono vinculándose con alguien que amenaza constantemente con marcharse.
Una persona necesitada de salvar encontrándose con otra que necesita ser salvada.
Una mujer que no conoce su valor intentando conseguirlo a través de ser elegida.
Si para sostener una relación tenemos que dejar de ver, dejar de escucharnos, traicionar nuestros límites, negociar nuestro respeto o abandonar nuestra propia vida, la intensidad no está profundizando el amor.
ESTÁ PROFUNDIZANDO LA HERIDA.
Hemos llamado “profundo” a lo que nos hacía hundirnos.
Hemos llamado “eterno” a lo que no sabíamos terminar.
Hemos llamado “destino” a aquello de lo que no sabíamos liberarnos.
Hemos llamado “lealtad” al miedo a marcharnos.
Hemos llamado “amor” a la imposibilidad de elegirnos.
No todo lo intenso y apasionado viene del Alma. Generalmente nace de una herida que reconoce otra herida y la llama hogar.
PLUTÓN EN ACUARIO: LA INMUNDICIA COMO UMBRAL DEL NUEVO HUMANO
El Nuevo Humano de Acuario necesita nacer.
Y aquí, inevitablemente, entramos en Plutón en Acuario.
¿Qué hace ahí?
Plutón no llega perfumado. No viene a embellecer lo que vivimos ni a colocar una luz bonita sobre nuestra herida.
PLUTÓN VIENE A MOSTRARNOS LO QUE SE ESTÁ PUDRIENDO.
En la naturaleza, la putrefacción no es un error. Es el proceso mediante el cual aquello que ha muerto pierde su antigua forma y comienza a descomponerse.
Pero antes de convertirse en otra cosa, huele. Supura.
Se corrompe.
Atrae larvas y parásitos.
Contamina aquello que permanece demasiado cerca.
Y nos obliga a reconocer una verdad que queríamos evitar:
ESO ESTÁ MUERTO.
En la astrología psicológica, esta podredumbre se traslada al inconsciente: los secretos familiares, los traumas, los tabúes sexuales, las motivaciones ocultas, las vergüenzas, los pactos de silencio y las dinámicas tóxicas de poder que intentamos guardar debajo de la alfombra.
Plutón y Escorpio tienen un olfato psicológico extraordinario.
Saben dónde apesta algo.
Lo detectan en una habitación, en una familia, en una relación, en un trabajo, en una institución, en una ideología o en cualquier vínculo en el que la verdad haya sido sustituida por el control y una muy baja autoestima.
Perciben el cadáver emocional aunque todo el mundo siga sentado a la mesa fingiendo que no huele.
Su tarea no es agradable.
Consiste en levantar la alfombra.
Abrir la habitación cerrada.
Meter las manos en el fango.
Sacar los trapos sucios.
Encontrar los secretos, los abusos, las manipulaciones y las relaciones de poder que el sistema necesitaba ocultar para poder continuar funcionando.
Porque lo que se oculta no desaparece.
SE PUDRE.
Y aquí está la sombra plutoniana: no la muerte, sino nuestra resistencia a aceptar no algo que ya ha muerto porque eso es natural aceptar a la muerte, sino peor: nuestra resistencia a soltar lo que está podrido.
Cuando seguimos aferrándonos a una relación terminada y lo hacemos interminable, a un vínculo familiar contaminado, a una pasión destructiva, a una relación de dependencia, a una identidad narcisista, a un objeto o a una historia que ya no contiene vida sino pestilencia, nos quedamos atrapadas dentro de esa descomposición.
Es como guardar comida podrida dentro de la nevera porque un día nos alimentó.
No importa cuánto limpiemos el resto.
No importa cuánto perfume pongamos.
No importa cuánto intentemos conservarla.
LO QUE ESTÁ PODRIDO TERMINA CONTAMINANDO TODO LO DEMÁS.
Así nacen la obsesión, el rencor, el control, la manipulación y la compulsión por retener. No porque el vínculo siga vivo, sino porque no estamos permitiendo que muera.
Por eso la putrefacción es el eslabón entre la muerte y el renacimiento.
Queremos transformarnos. Queremos resucitar. Queremos ser el Ave Fénix.
Pero queremos saltarnos el cadáver, el olor, la descomposición, el fango.
Y no se puede.
ANTES DE RENACER, TIENES QUE SOLTAR LO MUERTO.
EL MECONIO: LOS RESTOS DE LA GESTACIÓN
El cuerpo conoce esta ley antes de que la conciencia pueda nombrarla.
Durante sus primeras horas o días de vida, el recién nacido expulsa el meconio: una materia espesa, viscosa y extraordinariamente pegajosa, de color verde muy oscuro, casi negro, semejante al alquitrán o al petróleo.
No es todavía la deposición procedente de la leche.
Es el sedimento de la vida intrauterina.
Está compuesto por líquido amniótico que el bebé tragó, moco, bilis, lanugo, células desprendidas de la piel y del intestino y otros materiales que fueron acumulándose mientras se formaba dentro del útero.
SON LOS DETRITOS DE LA GESTACIÓN.
El meconio apenas tiene olor y, sin embargo, cuesta muchísimo retirarlo porque permanece adherido a la piel.
Y esto hace que el símbolo sea todavía más preciso.
No todo lo que necesitamos expulsar anuncia su presencia mediante el hedor. A veces reconocemos el residuo por su densidad, su oscuridad y la resistencia con la que continúa pegado al cuerpo.
El meconio no es maligno. No es una inmundicia moral.
No es algo perverso que haya invadido al bebé desde fuera.
Fue materia de su propia gestación. Perteneció al mundo en el que se formó. Pero, una vez atravesado el umbral del nacimiento, se convierte en algo que tiene que salir.
LO QUE UNA VEZ TE SIRVIÓ YA NO PUEDE PERMANECER DENTRO.
LO QUE FORMÓ PARTE DE TU GESTACIÓN SE CONVIERTE EN DESECHO CUANDO EMPIEZA TU NUEVA VIDA.
Y nosotras también tenemos un meconio psicológico, emocional, sexual, energético y vincular.
Está formado por los restos de las relaciones dentro de las que nos gestamos; las lealtades familiares que asumimos para pertenecer; los mecanismos que desarrollamos para sobrevivir; las fantasías románticas que utilizamos para justificar el dolor; el miedo a quedarnos solas; la necesidad de ser elegidas; el desprecio hacia nosotras mismas; la falta de valor personal; y todas las veces que negociamos nuestra dignidad y nuestro respeto para conservar una fuente de afecto.
No todo ese residuo fue depositado dentro de nosotras por otra persona.
Una parte también está formada por las respuestas que nuestro propio psiquismo generó para adaptarse, conseguir amor, evitar el abandono o sobrevivir a aquello que no sabía cómo abandonar.
Quien invadió sigue siendo responsable de la invasión. Quien abusó sigue siendo responsable del abuso.
Pero nuestra liberación no puede depender de que esa persona lo reconozca, se arrepienta, nos pida perdón o venga a limpiarnos.
Porque entonces nuestro poder continuaría en sus manos.
Nuestra tarea consiste en reconocer qué quedó configurado dentro de nosotras: desde qué falta de autoestima permanecimos allí, desde qué miedo aceptamos lo inaceptable y desde qué hambre afectiva permitimos que alguien ocupara nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra casa o nuestra vida al precio que fuera.
No para culpabilizarnos.
Sino para recuperar el poder de no volver a abandonarnos.
Durante la transición a la vida fuera del útero, el organismo del bebé también va despejando líquidos y secreciones acumulados en la boca, la nariz y las vías respiratorias.
Regurgita. Tose. Estornuda. Expulsa.
El cuerpo entero trabaja para abrir los conductos a través de los cuales podrá circular la nueva vida.
NACER NO ES SOLAMENTE TOMAR AIRE.
NACER ES HACER SITIO PARA QUE EL AIRE PUEDA ENTRAR.
Y para hacer sitio hay que expulsar los residuos del mundo anterior.
Incluso el símbolo físico es estremecedor: si el meconio alcanza las vías respiratorias, puede dificultar la respiración.
Exactamente igual que ocurre en nuestra vida psíquica.
Aquello que debía ser expulsado puede terminar ocupando el lugar del aire.
Las relaciones muertas. Los recuerdos adheridos.
Los pactos inconscientes.
La culpa.
La vergüenza.
El miedo.
La voz del abusador viviendo dentro de nuestra cabeza.
La necesidad de ser elegidas.
La costumbre de empequeñecernos para que alguien no se marche.
Todo ello puede obstruir el primer aliento de la mujer que está intentando nacer.
LO QUE NO EXPULSAS ACABA IMPREGNANDO TU VIDA NUEVA.
En el lenguaje simbólico de esta lunación, el meconio representa nuestros desechos plutonianos posnatales: la materia densa, oscura y adherente de una identidad que ya ha terminado de gestarse y que no puede seguir dentro de nosotras.
No porque sea pecado.
No porque nos convierta en impuras.
Sino porque pertenece al antes.
PARA NACER HAY QUE EXPULSAR EL MECONIO DE LA VIDA ANTERIOR.
Ahora, con Venus en Escorpio respondiendo a Plutón en Acuario y la Luna Nueva en Virgo abriendo este nuevo ciclo, el símbolo puede hacerse visible en nuestra realidad de maneras extremadamente concretas:
Puede aparecer a través de vivencias relacionadas con la sexualidad y el cuerpo: síntomas, infecciones de transmisión sexual, molestias íntimas, olores, picores, verrugas o situaciones que despiertan una antigua percepción de suciedad, culpa, invasión o vergüenza. Es una de las formas en las que aquello que estaba oculto puede hacerse imposible de ignorar.
También puede manifestarse como la necesidad urgente de cortar con vínculos familiares muy cercanos; reconocer una relación de control; descubrir un secreto; terminar una dependencia; limpiar profundamente la casa; tirar fotografías, regalos, ropa u objetos vinculados a determinadas personas; cambiar las sábanas; mover los muebles; abrir las ventanas o retirar cualquier cosa que nos devuelva al lugar en el que nos sentimos invadidas, utilizadas, dominadas o abandonadas en "esa relación", en ese escenario.
No estamos limpiando solamente la casa. Ordenando una relación o Iniciando un proyecto.
Estamos PURIFICANDO el cuerpo de pasado.
La mente.
La emoción.
La energía.
La sexualidad.
La matriz desde la que estamos creando nuestra vida.
Estamos retirando la pátina, el filtro, la costra, la pez que aquellos vínculos dejaron adherida a nuestro ser.
No para negar lo vivido.
No para fingir que nunca existió.
Sino para impedir que lo muerto siga alimentándose de nuestra vida.
Porque el barco ya está virando.
Hay una nueva realidad delante de nosotras. Una vida diferente que empieza a abrirse paso. Pero no podemos llegar a ella transportando en la bodega todos nuestros cadáveres emocionales.
NO SE PUEDE NAVEGAR HACIA UNA VIDA NUEVA CON LA BODEGA LLENA DE PUTREFACCIÓN.
Antes de nacer en esa nueva realidad es indispensable lanzar por la borda todo lo que está muerto, podrido y corrompido.
Lanzarlo por la borda significa dejar de cargarlo.
Soltarlo en el mar.
Entregárselo a Piscis.
Devolvérselo a Dios Padre.
Decir:
“Esto existió. Esto formó parte de mi vida. Pero ya no me corresponde transportarlo más. Ésto se queda aquí. Ésto lo dejo contigo.”
No todo necesita seguir siendo comprendido. No todo necesita otra conversación.
No todo merece ser conservado como aprendizaje, recuerdo o vínculo transformado.
Hay cosas que necesitan ser entregadas al océano de lo inconmensurable para que dejen de ocupar nuestro cuerpo, nuestra casa y nuestro destino.
Virgo purifica, discierne, ordena, separa y limpia.
Escorpio permite que muera y se descomponga.
Piscis recibe aquello que finalmente dejamos en manos de Dios.
HAY QUE VACIAR LA BODEGA.
EL BARCO YA ESTÁ VIRANDO. EL BEBÉ ESTÁ COLOCÁNDOSE CABEZA ABAJO...
QUE NO SE QUEDE SOLO EN UNA COMPRENSIÓN
Si al leer este artículo reconoces que tu barco también está virando, quizá haya llegado el momento de ponerle cuerpo, voz y presencia a ese movimiento.
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Un espacio íntimo para mirar la raíz de ese vínculo, carga o patrón que sabes que ha terminado, pero que todavía continúa adherido a tu vida.
Porque comprender que algo está muerto no siempre basta.
A veces necesitamos un lugar cuidado desde el que poder soltarlo.
Hay artículos que abren una puerta y encuentros que nos ayudan a atravesarla.







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