48h de Transformación profunda
- Ruth de TEV

- 14 may
- 4 Min. de lectura
Acabamos de regresar como quien dice del ANTIRETIRO y quería dejar por escrito algunas de las sensaciones y emociones que hemos vivido en este fin de semana apretao...
Todavía estoy aterrizando. Muy despacio.
Mi cuerpo está en ese lugar que queda después de un trabajo profundo: pide calma, silencio, agua, descanso y mucho respeto por todo lo vivido.
Ha sido un campo intensivo de reordenación interna. Renuncia, asentimiento y rendición fueron la medicina para liberarnos de las cadenas con las que nos atamos al miedo y al sufrimiento.
"Aunque no lo comprenda..." Significa, eceptación incondicional...
La no comprensión y atarse a ella nos encadena aún más desde el juicio, el dolor, el resentimiento a los destinos y personajes de nuestro sistema...
Durante casi tres días abrimos un portal de cuerpo, alma, linaje, astrología, constelaciones familiares, energía y ritual.
Un portal potentísismo... No hay cosa que más le guste a mi luna escorpiana que un buen portal, una cámara de iniciación... Un ir a la sombra...
Constelamos, por primera vez en este formato, aspectos de nuestras cartas natales. Y fue una verdadera maravilla.
Porque una cosa es mirar una carta natal desde la mente. Y otra muy distinta es verla tomar cuerpo delante de ti.
Ver cómo un planeta se convierte en personaje interno.Cómo una tensión astrológica habla como una fidelidad antigua. Cómo una herida deja de ser concepto y empieza a tener voz, gesto, respiración, memoria.
Miramos bloqueos, resistencias, miedos, heridas, fidelidades antiguas, lugares de la psique que no se ven desde la cabeza.

Abrimos mucho el corazón, todo el tiempo, el despertarnos y al irnos a dormir...
Sanación de útero, nuestro segundo corazón...
Con meditaciones profundas, ejercicios sistémicos, prácticas de apertura, trabajo energético, movimiento corporal, escucha, silencio, presencia y ritual. Creamos el círculo bajo el manto de Beltane, amanecíamos a las 7:30 de la mañana con la meditación Kundalini de Osho y desde ahí... abiertas al presente tal y como se iba desplegando.
Hubo risas. Hubo lágrimas. Hubo humanidad. Hubo cuerpos temblando al sentir la verdad atravesándoles. Hubo almas reconociéndose sin necesidad de explicarse demasiado.
Y eso, para mí, es lo más sagrado.
Porque muchas veces, desde fuera, un retiro se ve por las fotos: una casa, un paisaje, un grupo de mujeres, un altar, una comida compartida…
Y sí, eso también está.
Pero lo que ocurre dentro es otra cosa.
Lo que ocurre dentro no se puede fotografiar.
Además, ya sabéis que yo soy lo peor para las fotos: entro en el campo y me olvido del mundo. Me olvido del móvil, de la imagen, del escaparate. Porque cuando el alma se abre, no estoy pensando en contenido. Estoy al servicio.
Y quizá por eso esto no es un retiro.
Es un ANTIRETIRO.
Porque no venimos a desconectar de la vida.
Venimos a entrar en ella con TODO y olvidarnos de lo que no es VIDA en realidad. De lo que no es aquí y ahora. De lo que no es.
Con lo luminoso y con lo incómodo. Con la belleza y con la sombra. Con el linaje, el cuerpo, la historia, la carta natal, el miedo, el deseo, la fuerza y la verdad.
Y ahora, después de todo esto, llega una parte igual de importante:
la integración.
No puedo abrir un espacio de esta profundidad y luego soltar al grupo como quien dice: “hale, apañao”.
No.
Lo que se abre de verdad necesita ser sostenido.
Por eso ahora seguimos acompañando estos 20-22 días de integración, donde el cuerpo necesita digerir lo abierto, lo trabajado, lo activado y lo liberado.
Porque los procesos verdaderos no se integran corriendo.
Se integran en el cuerpo. Con tiempo. Con silencio. Con agua. Con escritura.Con sueños. Con pequeños gestos de vida real.
Y dentro de unos 20 días, cuando el cuerpo haya tomado la experiencia, la invitación será dar un paso.
No una revolución dramática.
Un paso.
Pero un paso real.
Una decisión. Una renuncia. Un límite. Una conversación. Una nueva forma de mirarse. Una vieja lealtad que ya no se alimenta. Una vida que empieza a ordenarse desde otro lugar...
También aprovecharemos la próxima Luna Nueva en Tauro del 16 de Mayo como parte de este proceso, porque Tauro nos recuerda algo muy profundo: después de bajar al inframundo, hay que volver al cuerpo, a la tierra, al valor, al merecimiento, a la vida sencilla, a tomar lo bueno de la vida, como pudimos ver en nuestro encuentro.
A tomar la vida.
No solo a sobrevivirla.
Quiero dar las gracias a las 13 mujeres, las 13 lunas, que han asistido al ANTIRETIRO de este año.
Algunas ya venían de otros encuentros. Otras llegaron por primera vez a la tribu. Todas trajeron algo necesario al campo desde Guadalajara, Gipuzkoa, Málaga, Murcia, Salamanca y Madrid.
Gracias por vuestra entrega.Por vuestra presencia. Por vuestra valentía. Por permitir que el alma familiar hablara sin maquillaje. Por sostener lo propio y respetar lo ajeno. Por vuestra humanidad, que ha sido tremenda.
Por no comprender y aún así asentir y rendiros
Y a quienes sentís que algún día queréis vivir algo así, os lo digo desde el cuerpo todavía conmovido:
estos espacios no son para escapar de la vida.
Son para volver a ella con más verdad.
Con más cuerpo. Con más dignidad. Con más conciencia. Con más raíz.
Cuando vuelva a abrir un nuevo encuentro, os lo compartiré por aquí.
Yo lo estoy deseando de veras.
Por ahora, yo también integro. Bajo al cuerpo. Dejo que el silencio haga su trabajo, en la medida en que puedo.
Porque lo vivido no se cierra al terminar el ANTIRETIRO.
Es justo al volver cuando empieza lo interesante...
Nota: Si deseas crear un ANTIRETIRO PRIVADO con tu tribu, con las tuyas... Hablamos.
Feliz semana camino a la Luna Nueva.
Con amor y raíz,
Ruth de TEV
TODOESVIBRA






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